Siempre sostienes mucho más de lo que crees, compartía Rob McNamara, coach, en una de nuestras sesiones. Está lo que sabemos que sostenemos a nivel consciente. Por ejemplo: los niños, la suegra, terminar tal y cual proyecto, el gato y las obras de la comunidad. Luego está el montón de cosas de las que no eres del todo consciente que sostienes pero que llevas en tu interior y te pesan como si fuesen tuyas. Siguiendo con el ejemplo anterior, podría ser el cambio de trabajo de tu pareja, el problema de peso de tu madre y la separación de tu hermana.
Te podrías preguntar: ¿Dónde está el problema de sostener tanto?
Para empezar, no somos bestias de carga. O tal vez sí que lo seamos – en cierto modo la carga que llevamos da sentido a nuestras vidas – siempre y cuando la carga sea específica y sobre todo consciente. Unos días de vacaciones en el norte me han ayudado a ver varios temas que cargaba sin necesidad. Aquello que con buenas intenciones sostenía pero que de algún modo me estaba hundiendo. Esto ocurría porque el problema no estaba para nada en mis manos y porque su negatividad empañaba todo mi ser.
Al sostener cosas que no nos corresponden diluimos nuestra energía en aquello que sí es nuestra responsabilidad. Perdemos el foco. Mermamos nuestra capacidad mental y física, algo de consecuencias nefastas.
No hay nada como parar y observar para que la realidad se revele, y lo inconsciente se muestre. No, no necesitas meditar durante años, ni aislarte del mundo como un ermitaño. Simplemente para, interrumpe tu tren de acción, descansa y permite que la parte de tu ser que se oculta como un iceberg bajo el día a día, emerja y se muestre en toda su magnitud. Si lo haces es posible que salga tensión, enfermedad, llanto. O puede que indignación, perplejidad, frustración. Procesos que te estaban esperando pero que no se atrevían a mostrarse por tu falta de banda ancha. Cuando esto ocurra, no tienes que hacer nada. Tan solo observarlo. Dejar que surja y se coloque en su sitio. Con este sencillo gesto dejarás de sostener aquello que no te pertenece, y lo más importante, encontrarás un nuevo centro.
Otra forma recomendable de visibilizar tu carga real es a través de conversaciones con personas con capacidad de escuchar y ayudarte a ver aquello que preferirías no ver. Es el tema del poema Puerta invisible1, precisamente un relato vivido en carne propia, del proceso de visibilizar lo inconsciente en relación.
Esa puerta pequeña,
la que había olvidado,
creyéndola soñada,
era real.
Le habló al búho
y él te llamó.
Tu sí fue un inicio.
Me hablaste de ella
mientras yo la negaba.
Descreída, me llevaste delante suyo.
Al verla, mi cuerpo se estremeció
y brotaron lágrimas viejas.
Tú te quedaste conmigo.
Sostenida por tu luz,
tienes tiempo…, me susurraste:
Escúchate…
Confía…
Deseaba replegarme muy adentro,
volverme embrión y fundirme de nuevo en la matriz
cósmica,
—hazlo, me dijiste.
Enroscada en mí, oscuridad con oscuridad,
pena con pena,
me contraje hasta el límite.
Y el infinito me devolvió.
Aliviada,
te miré de reojo:
seguías allí.
Nos dimos la mano y, estupefactos, miramos la puerta,
erigiéndose imponente,
como un gigante.
Termino este artículo preguntándote: ¿Qué vienes sosteniendo de forma inconsciente y que por tu bien tienes que aflojar?
Este poema es una traducción de Porta invisible, publicado en De la rauxa i del seny (Ediciones Oblicuas).
PORTA INVISIBLE
Aquella porta petita,
la que havia oblidat,
creient-la somiada,
era certa.
Va parlar-li al mussol
i ell et cridà.
El teu sí fou un inici.
Em parlares d’ella
mentre jo la negava.
Descreguda, em portares davant seu.
En veure-la, el meu cos s’estremí
i brotaren llàgrimes velles.
Tu et quedares amb mi.
Sostinguda per la teva llum,
tens temps…, em murmuraves:
Escolta’t…
Confia…
Jo volia replegar-me ben endins,
tornar-me embrió i fondre’m de nou a la matriu
còsmica,
—fes-ho, em vares dir.
Cargolada en mi, foscor amb foscor,
pena amb pena,
vaig contraure’m fins al límit.
I l’infinit em va tornar.
Alleujada,
et vaig mirar de reüll:
romanies.
Ens donàrem la mà i, estupefactes, miràrem la porta,
erigint-se imponent,
com un gegant.