Magda Barceló
Coach de vida y poeta
En mis roles anteriores en el mundo empresarial, y como consultora de organizaciones y de diversidad e inclusión, he visto el potencial de las organizaciones a través del desarrollo de sus miembros. En los últimos quince años he acompañado a través del coaching a un gran número de personas y a muchas otras de forma indirecta a través de publicaciones y charlas. Mi coaching se articula en dos dimensiones: crecer y despertar.
Crecer entendido como autoconocimiento y detección del eje de desarrollo de nuestra personalidad. Crecer incluye desarrollar distintas dimensiones o inteligencias, como la cognitiva, la emocional, la relacional… Despertar consiste en la práctica de desidentificarnos de nuestro ego —las máscaras que creemos que somos— y vivir desde la presencia. En el proceso de desarrollo, es común centrarse solo en una de estas dimensiones. Muchas personas se esfuerzan en realizar el trabajo psicológico o en desarrollar sus capacidades, pero dejan de lado el ser. Otras personas creen que les basta con una práctica espiritual o meditativa para poner fin a sus males. En mi práctica he observado resultados extraordinarios cuando desarrollamos ambas: evolucionar nuestra consciencia y nuestras capacidades a la vez que despertamos al ser.
La capacidad de ayudar a las personas a crecer se ha nutrido de mi propio crecimiento y de mi profesión. Como a todo ser humano, me han pasado cosas, muchas de ellas complejas: desde recibir bullying, vivir traumas familiares, experimentar crisis de pareja, afrontar cambios profesionales, abordar dificultades para ser madre y navegar retos de la crianza, entre muchas otras. Cada una de ellas ha sido mi maestra. La certificación de coach integral por la escuela New Ventures West, la certificación en Integral Circling por el Centro Integral de Boulder, formaciones en Coaching de Desarrollo con Rob McNamara y múltiples formaciones para un desarrollo continuado están en la base de mi práctica de coaching.
La capacidad de ayudar a las personas a despertar se remonta a mi infancia. A muy temprana edad recuerdo sentir el espacio y la consciencia que todo lo permean. Estar en silencio, descansar en la quietud y sentir el fecundo vacío era natural para mí. A principios de la veintena empecé a meditar formalmente con las enseñanzas de libros. Después siguió la práctica del yoga y, más tarde, meditación en la sangha budista de Joel y Michelle Levey en Seattle. Durante el tiempo que viví en Boulder, entré en contacto con las enseñanzas budistas de Chögyam Trungpa Rinpoche y ahondé en ellas a través de Dharma Ocean. Mi cuna espiritual es la religión católica, que abrazo e incorporo a mi práctica a través del Camino de Contemplación.
La poesía es una forma de arte con la capacidad de generar una apertura en la persona. Para cualquier tipo de transformación es necesaria una apertura, es decir, que una parte de nosotros diga: «sí, quiero». A través de esta valiente afirmación podemos afrontar el rechazo al cambio de nuestras defensas psicológicas. Escribir poemas, recitarlos y compartirlos en mis programas de coaching, charlas y artículos es un medio muy efectivo que favorece la apertura a la transformación.