La sabiduría de un árbol

Hace unos días que me encuentro observando el centro vacío de árboles talados. En el centro del tronco, como un anillo más de su paso por la tierra, se puede ver un espacio vacío en algunos árboles cuando los cortan. Cuando el árbol vivía, su centro era un espacio vacío. Nada más. En el universo, lo más abundante es el espacio o energía oscura que ocupa aproximadamente un 68%, frente a un 5% de materia ordinaria y un 27% de materia oscura. Y lo mismo sucede con nuestros cuerpos.

Luego está el espacio interior que se cultiva con la meditación. Tras un período de haberme caído del cojín, con un intenso fin de semana de silencio he renovado mi compromiso con la práctica. El impacto que meditar tiene en mi es múltiple y difícil de describir. Sin embargo, algo indiscutible es que meditar genera un mayor espacio desde el que acoger todo lo que ocurre: circunstancias, contratiempos, malestares, disgustos, alegrías…Este espacio no se crea en la mente, ni en las emociones, aunque les afecta. Resuena en el cuerpo pero tampoco es él.

Algunos árboles manifiestan con su forma un centro de espacio. Sin embargo para los humanos resulta algo más arduo. Lo más probable es que al igual que Dante, tengamos que transitar por el Infierno y el Purgatorio, antes de entrar al Paraíso, de formas claramente meditativas.

El Paraíso de Dante, por el que camino a través de la lectura, es también un lugar lleno de espacio, en el que las relaciones cobran una dimensión más allá del deseo o la necesidad. El Empíreo es el lugar donde todas las almas que se salvaron, coexisten en comunión con Dios. Al igual que cuando meditamos, en el Paraíso no hay nada que hacer, nada que decir, pues todo es diáfano a la mente divina. Sin embargo, pasan cosas, se dicen cosas, no por conseguir nada, sino por ellas mismas, por su bondad, belleza y veracidad.

Al cultivar el espacio interior a través de la meditación es fácil darse cuenta de que este espacio, al igual que el Paraíso dantesco, no es neutro. Está teñido de amabilidad, calidez, sabiduría, divinidad. Cuando, tras la práctica, nuestras acciones emanan desde ese espacio, la vida se vuelve sin precedentes.

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